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    La Unción de los enfermos

    Sacramento de la uncion Ver mas

    El sacramento de la Unción de los enfermos (llamado anteriormente «extrema unción») es el signo sacramental de la gracia del Señor para los enfermos y los ancianos.

    El comportamiento de Jesús con los enfermos se caracterizó por una solicitud activa, que se manifestó en varias intervenciones milagrosas, signo de una salvación definitiva y trascendente, en la que también la enfermedad, lo mismo que el pecado y la muerte, encuentra su abolición completa.

    Esta misma solicitud caracteriza el comportamiento de la primitiva Iglesia. Jesús envió a sus discípulos de dos en dos a predicar el Evangelio del Reino, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.

    --«Ellos marcharon y predicaban la conversión. Expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban» (cfr. Mc 6, 13-14). Así pues, Jesús quiso comprometer a los apóstoles en su misma obra: la alegre nueva de la salvación, la invitación a la conversión para acoger el Reino de Dios, la curación de los enfermos y de los endemoniados como signo profético de la llegada del Mesías. Y que esto comprometía igualmente a los apóstoles para el futuro nos lo revela la conclusión del evangelio de Marcos, donde el anuncio a todo el mundo iba asociado de nuevo al cuidado y a la curación de los enfermos (cfr. Mc 16, 15-18).

    En el texto de Mc 6,13 hay que advertir el detalle de la unción con aceite.

    El cuidado de los enfermos, por parte de los apóstoles, tenía que encerrar el mismo significado que el cuidado que tuvo de ellos Jesús: y el consuelo físico era una invitación a la salvación total traída por Jesús, un signo y una prenda de la misma. En este contexto, la unción con aceite asumía el significado de un gesto profético. El uso de la unción (signo de abundancia, de gozo, de honor) estaba muy difundido en Israel. Servía para perfumar el cuerpo y para robustecer los miembros, dando vigor frescor y salud: se utilizaba para aliviar los dolores y para curar las heridas. El aceite era el símbolo más adecuado para expresar la salvación y la curación de los enfermos.

    La carta de Santiago habla de una unción con óleo hecha por los «presbíteros de la Iglesia». Más aún, el concilio de Trento declaró que el texto de Stg 5, 14- 15 promulgaba el sacramento de la «extrema unción». En el momento de la enfermedad el apóstol invita a hacer una oración particular, acompañada de acciones especiales y de promesas peculiares: «Si alguno de vosotros cae enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia para que oren sobre él y lo unjan con óleo en nombre del Señor» (Stg 5, 14).

    Los presbíteros a los que hay que llamar (lo cual parece suponer que se trata de una enfermedad grave) son los jefes de la comunidad eclesial, que intervienen en nombre del Señor. Se les llama «ancianos» por su analogía con los ancianos de las sinagogas judías. Tienen que orar sobre el enfermo, lo cual sugiere una imposición de manos junto con la oración. Pero en ello no hay nada mágico: la unción tiene un significado sacramental, y el efecto va unido a la oración en nombre del Señor. Es un remedio para el espíritu y para el cuerpo, para que la enfermedad física no agrave la debilidad humana, llevando al enfermo a la desesperación o la rebelión; en efecto, la oración hecha con fe salvará al enfermo, el Señor le aliviará y se le perdonarán los pecados que haya cometido. La salvación, el alivio y el perdón de los pecados son el meollo de esta afirmación final, en la que se manifiesta la eficacia singular de la oración pronunciada por los presbíteros sobre el enfermo.

    Es verdad que, muy pronto, se difundió en la Iglesia la práctica de ungir a los enfermos, a ejemplo de los apóstoles; pero hasta el siglo VIIIº no se conoce ningún ritual para la administración de la Unción de los enfermos. Fue entonces cuando se reservó la aplicación del óleo sagrado a un ministro consagrado, pero no todos están de acuerdo con esta praxis, ya que también estaba vigente la posibilidad de un uso privado del óleo bendecido. Entre tanto se había desarrollado en la Iglesia la praxis penitencial, que preveía una sola penitencia oficial pública sacramental, que muchos dejaban para el momento de la muerte. Esta praxis, muy difundida, afectó también a la Unción de los enfermos. El papa Inocencio Iº escribió que no era posible aplicar la unción a los pecadores no reconciliados, ya que estaban privados de los sacramentos. Fue también entonces cuando la práctica de la penitencia "privada" condujo de nuevo a la reconciliación "en vida", dejándose la unción con óleo para los enfermos que estaban ya a punto de morir. Así, a partir del siglo XIº, la unción es el "último sacramento", o sea, la "extrema unción", la unción de los moribundos, la unctio exertium.

    El concilio Vaticano IIº ha llamado a este sacramento "Unción de los enfermos", recogiendo una denominación antigua, para disipar cualquier duda y orientar en su justo sentido la reflexión y la praxis del mismo. En SC Nº 73 se establece que la unción de los enfermos "no es sólo el sacramento de quienes se encuentran en los últimos momentos de su vida; por tanto, el tiempo oportuno para recibirlo comienza cuando el cristiano ya empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o por vejez" (Viático).

    La unción se hace en la frente y en las manos; es un gesto ritual que evoca el significado global del efecto sacramental, o sea, la recuperación del estado vital primitivo a través de la armonía con Dios y la paz del alma, que tiene cierta repercusión en el cuerpo, como se indica en la fórmula sacramental que se renueva ahora: "Por esta santa unción y su piadosísima misericordia te ayude  el Señor con la gracia del Espíritu santo. Amén. Y librándote de los pecados te salve en su bondad te alivie. Amén".

    La Unción de los enfermos es una preparación para el paso de esta vida a la gloria eterna; y son muchos los efectos y gracias que confiere al enfermo para prepararse para la entrada a la vida eterna. El enfermo que confía en sus propias fuerzas, podría desesperarse, pero Cristo viene a él para reconfortarlo en estos momentos.

    Este sacramento es un sacramento de “vivos”, por lo tanto, incrementa la gracia santificante en el enfermo.

    Se recibe la gracia sacramental propia de la Unción de los enfermos, que es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu santo que nos lleva a renovar la confianza y la fe en Dios y fortalece al alma para que sea capaz de vencer las tentaciones de desaliento, y de angustia, especialmente. (cfr. Catec. Nº. 1.520).

    Por la gracia sacramental, es posible que el enfermo obtenga la curación, si es conveniente, la salud corporal. La asistencia del Espíritu santo tiene como objeto conducir al enfermo hacia la curación del alma, pero si es la voluntad de Dios, también puede recuperar la salud. (cfr. Catec. Nº. 1.520). Por ello es conveniente no esperar hasta el último momento para la administración de este sacramento; los sacramentos no tienen como fin hacer milagros… Al dejar hasta el final este sacramento, se podría estar poniendo obstáculos para su eficacia.

    La Unción de los enfermos puede obtenernos el perdón de los pecados veniales y la remisión de las penas del Purgatorio, pues son obstáculos que impiden la entrada al Cielo. Este efecto depende de la debida disposición que tenga el sujeto que lo recibe; se necesita un verdadero dolor de corazón; en otras palabras: estar totalmente arrepentidos. Normalmente, este sacramento va acompañado de indulgencia plenaria, la cual perdona la pena temporal.

    Hemos mencionado que este sacramento es de “vivos”, es decir, se debe de recibir en estado de gracia, sin pecados mortales. No fue instituido para perdonar los pecados graves; para esto está el sacramento de la Reconciliación. Pero, en caso de que la persona no se pueda confesar y esté completamente arrepentida, la unción perdona los pecados mortales. Esto fue declarado en el concilio de Trento, además de estar sugerido en el texto de la carta de Santiago, en la Biblia.

    Si posteriormente, la imposibilidad de confesarse se resuelve, el enfermo tiene la obligación de acudir a la Reconciliación.

    Este sacramento no es absolutamente necesario para la salvación; pero a nadie le es lícito desdeñarlo. Por lo tanto se debe de procurar que los enfermos lo reciban lo antes posible en caso de una enfermedad grave o crónica, o en la ancianidad. Sobre todo se debe de recibir cuando se está en plenas facultades mentales.

    El cristiano está obligado a prepararse lo mejor posible para la muerte, por lo que las personas allegadas a él tienen el deber –muy grave– de procurar que lo reciba, ya sea presentándole la conveniencia de hacerlo, ya sea mencionándole que se encuentra en una situación de alto riesgo. Pero, siempre siendo prudentes, utilizando el sentido común y la caridad. Muchas veces no se hace por el temor de asustar al enfermo, siendo que en la mayoría de las veces, lo que se tiene es una visión equivocada de la muerte en el sentido cristiano. Normalmente el enfermo acoge la sugerencia con serenidad, sobre todo si se le explica que es por su bien.

    La Iglesia, además, ofrece junto a este sacramento, la Eucaristía como Viático, “a aquellos que están a punto de salir de esta vida”. La Eucaristía es el paso de la muerte a la vida (cfr. Catec. Nº. 1.524). Recordemos las palabras de Jesús: –“El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día” (cfr. Jn. 6, 54)

    La Unción de los enfermos puede recibirse más de una vez, pues no imprime carácter. Antiguamente solamente se administraba una vez en la vida, pero actualmente se puede recibir varias veces. Si se ha administrado durante una enfermedad grave y se recobra la salud, al presentarse otra enfermedad grave, se puede volver a recibir o en el caso de una enfermedad que se agrave el enfermo, se puede recibir nuevamente; o cuando es una enfermedad crónica, en la cual se necesita fortaleza para sobrellevarla, o en la vejez.

    Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse de manera más íntima a la Pasión de Cristo. El sufrimiento, fruto del pecado original, obtiene un nuevo sentido, y se participa con él en la obra salvífica de Jesús.

    Al unirse libremente a la Pasión y Muerte de Cristo, por medio de este sacramento, los enfermos contribuyen al bien del Pueblo de Dios. Al celebrar la Unción de los enfermos, la Iglesia, por el dogma de la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo. Y este, a su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece, por Cristo, a Dios-Padre.

    La Unción de los enfermos es un escudo para defendernos ante las últimas luchas en nuestra vida y así entrar a la casa del Padre. Nos prepara para dar el paso a la vida eterna.

     

    RESUMEN CATEQUÍSTICO

    El sacramento de la Unción de enfermos confiere al cristiano una gracia especial para enfrentar las dificultades propias de una enfermedad grave o vejez. Se le conoce también como el "sagrado viático", porque es el recurso, el "refrigerio" que lleva el cristiano para poder sobrellevar con fortaleza y en estado de gracia un momento de tránsito, especialmente el tránsito a la casa del Padre a través de la muerte.

    Lo esencial del sacramento consiste en ungir la frente y las manos del enfermo acompañado de una oración litúrgica realizada por el sacerdote o el obispo, únicos ministros que pueden administrar este sacramento.

    La Unción de enfermos se conocía antes como "Extrema-unción", pues sólo se administraba "in articulo mortis" (a punto de morir). Actualmente el sacramento se puede administrar más de una vez, siempre que sea en caso de enfermedad grave.

    ¿Qué es la Unción de enfermos?

    Es el sacramento que da la Iglesia para atraer la salud de alma, espíritu y cuerpo al cristiano en estado de enfermedad grave o vejez.

    ¿Cuántas veces puede recibir este sacramento un cristiano?

    Las veces que sea necesaria, siempre que sea en estado grave. Puede recibirlo incluso cuando el estado grave se produce como recaída de un estado anterior por el que ya había recibido el sacramento.

    ¿Qué efectos tiene la Unción de enfermos?

    La unción une al enfermo a la Pasión de Cristo para su bien y el de toda la Iglesia; obtiene consuelo, paz y ánimo; obtiene el perdón de los pecados (si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la Reconciliación), restablece la salud corporal (si conviene a la salud espiritual) y prepara para el paso a la vida eterna.

     

    EL SERVICIO SACERDOTAL DE URGENCIA (FEDERADO)

    EN LA DIÓCESIS DE AVELLANEDA/LANÚS

    El S.S.U. es una institución laica de la Iglesia católica, que se ocupa de llevar auxilio espiritual a los enfermos que lo soliciten, durante la noche, y en forma totalmente gratuita.

    El Servicio Sacerdotal de Urgencia es una institución de la Iglesia, de orden diocesano, que se dedica a trasladar y acompañar al sacerdote cuando lleva auxilio espiritual a los enfermos, en horarios nocturnos.

    Esto conlleva una organización laica que construya, mantenga y amplíe la estructura física y espiritual necesaria para brindar la seguridad en el cumplimiento de lo que se ofrece y brinda.

    Es servicio, puesto que efectúa una acción de caridad, en forma totalmente gratuita.

    Es sacerdotal, puesto que su acción es acompañar y asistir al sacerdote. O sea, realiza una actividad ministerial, sin la cual no tiene razón de ser.

    Y por lo tanto, es claramente sacramental.

    Y es de urgencia, puesto que su ámbito de acción es la noche, para permitir el justo descanso a los demás sacerdotes, y asegurar la atención del enfermo en forma continua.

    Hace unos 60 años, un señor tenía a su padre enfermo y salió a la medianoche a buscar un sacerdote para que le administrara la Unción de los Enfermos, y no lo encontró. Su padre murió sin asistencia. Entonces se dijo:

    –¿Por qué si hay policía, bomberos, médicos, veterinarios, mecánicos etc. de guardia, (…) cómo no hay sacerdotes?

    Entonces fundó el Servicio Sacerdotal de Urgencia.

    Hoy está difundido por Argentina, Paraguay, y Uruguay; y no conocemos si en otro lado, ya se copió la idea.

    Este servicio consta de una guardia compuesta por lo menos de dos laicos y un sacerdote (según una cuadrícula que se actualiza continuamente; todos voluntarios y en conocimiento del obispo). Ante la llamada de urgencia de un enfermo, uno de los laicos –con su auto– lleva al sacerdote hasta el lugar del que se ha llamado. El otro se queda en el servicio atendiendo el teléfono por si hay otra llamada y la comunica al móvil. El servicio funciona entre las 21,30 y las 6 horas, todas las noches de los 365 días del año.

    En Argentina hay 17 servicios funcionando y 5 en formación. Todos están nucleados en la Federación Nacional de S.S.U. de la República Argentina.

    La federación de S.S.U. depende del episcopado nacional. Cada servicio tiene una comisión directiva que lo dirige, y reportan al obispo del lugar, habiéndose informado cerca de medio millón de servicios prestados a la fecha.

    El S.S.U. de la diócesis de Avellaneda/Lanús cumplirá sus 36 años de vida; es su asesor el párroco de Santa Teresita del Niño Jesús el consultor diocesano, presbítero Omar Vila; desde hace 15 tiene su programa propio de radio en FM 90.7 “María del Rosario”, la radio del Pueblo de Dios, los días lunes de 21 a 22,30. También puede seguirse por Internet a través de www.jesuspandevida.org.ar o mandar sus pedidos de oración o salutaciones a guardianesdejesus@yahoo.com.ar o a la red social www.facebook.com/guardianesdejesus donde se verán fotos, anuncios, catequesis, el ordinario del lugar, etc.

     

    ¿QUÉ ES ESTE SACRAMENTO DE LA IGLESIA CATÓLICA?

    La Unción de los Enfermos, es el sacramento que da una gracia especial a los enfermos o ancianos, fortaleciendo y reconfortando al cristiano debilitado por la enfermedad, y lo prepara para el encuentro definitivo con Dios. Como los otros seis sacramentos, fue instituido por el mismo  Jesucristo aunque no consta un momento preciso en el que lo hubiese delegado. Se suele indicar el texto de la carta de Santiago (el “Menor”) como contexto de la función y efectos del sacramento:

    "¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante; y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (cfr. Stg 5, 14-15).

    Los fieles pueden recibir este sacramento varias veces en vida. Hasta el Concilio Vaticano IIº, al sacramento se lo conocía con el nombre de extremaunción, puesto que sólo se lo administraba in extremis, es decir, ante la inminencia de la muerte. El cambio de sentido impuesto al sacramento por el concilio, responde a la necesidad de poder asistir o pedir por la salud de los enfermos para que el Espíritu santo los acompañe y reconforte.

    El óleo utilizado en este rito también es conocido como: óleo de los "catecúmenos". El rito, para el cual se utiliza óleo bendecido cada año por el obispo diocesano y todo su presbiterio en la Misa crismal del Jueves santo, consiste en hacer tres veces la señal de la Cruz en la frente y en cada una de las manos del enfermo. Mientras se lo unge, el sacerdote repite la siguiente fórmula:

     

    “Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.

     

    EFECTOS DEL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN

    • Un don particular del Espíritu santo. La primera gracia es de consuelo, paz y ánimo para vencer las dificultades propias de la enfermedad o la fragilidad de la vejez. Es un don del Espíritu santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, como el desaliento y la desesperación.
    • El perdón de los pecados. Se requiere además el arrepentimiento y confesión de la persona que recibe el sacramento.
    • La unión a la Pasión de Cristo. Se recibe la fuerza y el don para unirse con Cristo en su Pasión y alcanzar los frutos redentores del Salvador.
    • Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, uniéndose libremente a la Pasión y Muerte de Jesús, contribuyen al bien del Pueblo de Dios y a su santificación.
    • Una preparación para el paso a la vida eterna. Este sacramento acaba por conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo, como el Bautismo había comenzado a hacerlo. La Unción del Bautismo sella en nosotros la vida nueva; la de la Confirmación nos fortalece para el combate de la vida. Esta última unción, ofrece un escudo para defenderse de los últimos combates y entrar en la Casa del Padre. Se ofrece a los que están próximos a morir, junto con la Eucaristía como un "viático" para el último viaje del hombre.

     

    DESTINATARIOS Y MINISTROS DE LA UNCIÓN

    Solamente los sacerdotes o los obispos pueden ser ministros de este sacramento. Esto queda claro en el texto de Santiago; y los concilios de Florencia y de Trento lo definieron de tal manera, interpretando dicho texto. Únicamente ellos lo pueden aplicar, utilizando el óleo bendecido por el obispo, o en caso de necesidad por el mismo presbítero en el momento de administrarlo.

     

    Es deber de los presbíteros instruir a los fieles sobre las ventajas de recibir el sacramento y que los ayuden a prepararse para recibirlo con las debidas disposiciones.

     

    El sujeto de la Unción de los Enfermos es cualquier fiel que habiendo llegado al uso de razón, comienza a estar en peligro por enfermedad o vejez (cfr. Catecismo de Juan Pablo IIº, número 1514).

    El sujeto –como en todos los sacramentos– debe de estar bautizado, tener uso de razón –pues hasta entonces no es capaz de cometer pecados personales– razón por la cual no se administra a niños menores de siete años.

    Además, debe tener la intención de recibirlo y manifestarla. Cuando el enfermo ya no posee la facultad para expresarlo, pero mientras estuvo en pleno uso de razón lo manifestó (aunque fuera de manera implícita): sí se puede administrar. Es decir, aquél que antes de perder sus facultades llevó una vida de práctica cristiana, se presupone que lo desea, pues no hay nada que indique lo contrario. Sin embargo no se debe administrar en el caso de quien vive en un estado de pecado grave habitual, o a quienes lo han rechazado explícitamente antes de perder la conciencia. En caso de duda se administra “bajo condición”, su eficacia estará sujeta a las disposiciones del sujeto.

    Para administrarlo no hace falta que el peligro de muerte sea grave y seguro; lo que sí es necesario es que se deba a una enfermedad o vejez. En ocasiones es conveniente que se reciba antes de una operación quirúrgica o cualquier práctica médica que implique un gran riesgo para la vida de una persona.

    En el supuesto de que haya duda sobre si el enfermo vive o no, se administra el sacramento “bajo condición”, anteponiendo las palabras “Si vives…”

     

    Testimonio

    Lo estaba esperando, padre…

    Soy guardián de los días 13 junto a Pancho Groves. Mi nombre es Andrés Gómez, soy panificador y estoy en el Servicio Sacerdotal de Urgencias alrededor de 23 años.

    Todos los 13 de cada mes, espero ansioso, la llegada de mi compañero, para hacer el libro de guardia y comenzar la vigilia nocturna a la espera de los llamados que pedirán el sacerdote para la Unción de los enfermos en el ejido diocesano.

    Recuerdo una noche, cuando habíamos recibido una llamada temprana: Pancho todavía ni había llegado y ya debíamos ir al Hospital Fiorito a llevar al sacerdote a un enfermo que sería operado cardiovascularmente al otro día. Nos tocaba buscar –según el cuadrante de sacerdotes vigente— hasta Wilde al sacerdote de turno. Y Pancho que no llegaba.

    Finalmente, lo pongo al tanto de la situación al sacerdote y le aviso que llegaremos en 40 minutos aproximadamente: que cenara y nos esperara en la puerta de su parroquia, que lo llamaríamos apenas estuviéramos en el radio parroquial.

    Finalmente llegó Pancho, con su bastón a cuestas (porque es minusválido), cansado de esperar el colectivo 33, que lo trae desde Lanús hasta la sede del servicio.

    Lo pongo al tanto y vamos a buscar nuestro móvil que nos llevaría hasta la cama del enfermo.

    En el viaje hacia la parroquia de Wilde nos pusimos con Pancho al día de las cuestiones familiares: los hijos, los nietos y nuestras respectivas esposas que “nos hacen el aguante” las noches de 13.

    Con el cura a bordo, prontamente llegamos al Fiorito. ¡No saben lo que hace un cuello clerical! Si hasta se cuadraban los muchachos de la guardia del Fiorito en la entrada por calle Italia. Y explicado el lugar, nos indicaron dónde debíamos estacionar, cerca de cirugía hombres.

    Ya en la sala, fuimos atendidos por el enfermero-nochero que primero nos miró con desconfianza, luego con incredulidad y finalmente con indiferencia, dejándonos pasar con la advertencia:

    –¡Mire que ya están dormidos; he apagado la luz!

    Efectivamente el enfermo estaba “cabeceando”. La operación del día siguiente, era muy importante, cosa que lo presionaba y no lo dejaba dormir en paz.

    Cuando vio al sacerdote, le dijo:

    –¡Lo estaba esperando, padre! Sin saber siquiera quién nos había llamado.

    Y alejándonos del enfermo, éste pudo confesarse con el sacerdote (después de muchos años, según sus dichos) y recibir la santa Unción de los enfermos.

    No sabemos cómo salió la operación.

    El paciente era un hombre joven, de gran contextura física, por lo que sospechamos que todo habrá ido bien.

    Pero lo que más nos impresionó a Pancho y a mí, fue la respuesta:

    –“Lo estaba esperando, padre”…

    Cuántos enfermos nos estarán esperando. Y nadie llama al 4201-3000 de 21,30 a 6 de la mañana siguiente, para que le llevemos al sacerdote.

    Digo, porque hay días en que no pasa nada. Y hay otros, en los que nos cuesta un Perú buscar al sacerdote (¡hasta hemos tenido que llamar al obispo!). Pero siempre, hemos podido llevar aunque sea con un sacerdote amigo, la Unción de los enfermos.

    Qué difícil es nuestra misión. Pero qué consoladora.

    Conversando con distintos sacerdotes en estos muchísimos años de servicio, he pensado seriamente en cuántos hermanos han llegado por lo menos al Purgatorio.

    Por eso, cada día 13, lo más importante (además de nuestras familias) es cubrir la guardia nocturna del servicio.

    Y eso que tengo que trabajar: porque Pancho me despierta a las 4,30 ó 5 de la mañana, para que vaya a prender el horno para hornear las facturas de mi panadería.

    Y sin embargo, éstas tienen un mejor sabor cuando hemos cumplido algún servicio a los hermanos enfermos en cualquier lugar que nos llamen: casa, geriátrico, sanatorio u hospital.

    Nadie debe estar sin la Unción de los enfermos, cuando lo necesite urgentemente. Todos los familiares, vecinos o amigos deberían llamar al 4201-3000 pidiendo al sacerdote gratis de 21,30 a 6 de la mañana siguiente, si están gravemente enfermos o van a ser sometidos a alguna práctica médica que ponga en riesgo sus vidas.

    Después de todo, es la mañana que más ricas me salen las facturas.

     

     

     

     

    ANDRÉS GÓMEZ

     

     

    ELEMENTOS LITURGICOS

     

    ACETRE o CALDERILLO

    Es la vasija de agua bendita. Lleva a dentro el hisopo, que sirve para rociar o asperjar a los fieles, féretros u objetos a bendecir.

       

    CÁLIZ

    Es el vaso sagrado en donde el vino se consagra y por el ministerio sacerdotal se convierte en la Sangre de Cristo.  

     

    CONOPEO o CUBRECOPÓN

    Es el nombre que se le da al velo que viste y cubre al copón y también al velo que cubre por dentro del Sagrario.

       

    COPÓN

    Es el recipiente, en forma de gran copa, con tapa, en donde se guardan y reservan las hostias consagradas.

     

    CORPORAL

    Lienzo que se extiende en el altar para poner sobre él el cáliz y la patena. Tiene cuatro dobleces, en forma de cruz y medio punto de almidonado.

     

    HISOPO

    Es un cilindro corto que en el extremo tiene una bola de metal hueca con agujeros y que sirve para rociar o asperjar a los fieles. Se coloca dentro del acetre.

      

    INCENSARIO o TURÍBOLO

    Es un braserito provisto de cadenas en que se quema el incienso con carbones. Quien lo porta se llama turiferario.

       

    MANUTERGIO

    Es la tela que sirve para que el sacerdote se seque las manos después del ofertorio.

     

    NAVETA

    Es el recipiente en que se guarda el incienso que se quema en el turíbolo.

       

    PALIA

    Es la cubierta de tela almidonada con la que se cubre el cáliz y también la cortina que se pone delante del Sagrario.

     

    PATENA

    Tiene la forma de un pequeño plato y sirve para contener las hostias de la celebración eucarística. Va junto al cáliz.

       

    PLATILLO o PATENA COMULGATORIA

    Es un pequeño plato alargado con mango o dedalera que utiliza el acólito para ayudar al sacerdote a distribuir la comunión (evita su caída al piso).

       

    PURIFICADOR

    Es una tela rectangular de lino que sirve para secar y purificar el cáliz y el copón después de la comunión.

       

    RELICARIO o TECA

    Es una caja en la que se transportan las hostias consagradas, para llevarlas a los enfermos; también se llama así a la caja en la que se custodian las reliquias (huesos) de los santos.

     

    SANTO CRISMA

    Es el aceite y el bálsamo mezclados que consagran los obispos el Jueves santo para ungir a los que se bautizan, se confirman o reciben el sacramento del orden.

       

    SANTO OLEO

    Aceite de oliva bendecido por el obispo que se utiliza para la Unción de los enfermos.

     

    VINAJERAS

    Son dos jarritas que sirven para contener el vino y el agua, especies necesarias en el santo sacrificio de la Misa.

    El SACRAMENTO de la UNCION de los ENFERMOS

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    La importancia del Sacramento Unciuón de los Enfermos

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    La Muerte

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    La Unción de los enfermos

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    El suicidio

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