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    4-LA ORACIÓN

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    Tema: LA ORACIÓN
    Dios administra nuestras vidas cuando estamos en comunión con Él. Aunque muchas personas saben orar, no todas están consientes que hay diferentes formas de hacerlo. El apóstol Pablo dice en 1 Timoteo 2:1: " Ante todo, exhorto a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres…" La oración, en sentido general, es el acto de hablar con Dios, el cristiano debe de siempre buscar la oportunidad para orar. Quizás uno de los versos más corto es 1 Tesalonicenses 5:17 que dice, concisamente, "Oren sin cesar." Queriendo aprender a orar, los discípulos pidieron que Jesús les enseñara como hacerlo, en Mateo 6:9-13, Jesús les dio una oración ejemplar que hoy conocemos como El Padre Nuestro, de ella aprendemos que podemos orar por todo, desde la provisión diaria hasta el perdón de nuestros pecados. Los caminos de la oración son muchos, es entrar en contacto con ÉL. Hay distintas formas de oraciones y los principales tipos de oración son:
    Oración vocal
    Consiste en repetir con los labios o con la mente, oraciones ya formuladas y escritas como el Padrenuestro, el Avemaría, el Salve, etc. Para aprovechar esta forma de oración es necesario pronunciar las oraciones lentamente, haciendo una pausa en cada palabra o en cada frase con la que nos sintamos atraídos. Se trata de profundizar en su sentido y de tomar la actitud interior que las palabras nos sugieren. Es así como podemos elevar el alma a Dios. Podemos apoyarnos en la oración vocal para después poder pasar a otra forma de oración. Todos los pasos en la vida se dan con apoyos, y la oración vocal es un apoyo para las demás. La palabra escrita es como un puente que nos ayuda a establecer contacto con Dios.
    La lectura meditada
    Un libro nos puede ayudar mucho en el camino a encontrarnos con Dios, no se trata de leer para adquirir cultura, sino de tener un contacto más íntimo con Dios, no se trata de aprender cosas nuevas, sino de charlar con Dios acerca de las ideas que nos inspire el contenido del libro.
    Hay que leer hasta que encontremos una idea que nos haga entrar en contacto con Dios y ahí frenar la lectura "saboreando" el momento. Es así como se profundiza en las ideas del libro para escuchar a Dios. Si al orar hay algo que nos "llama", una idea en la que sentimos la necesidad de profundizar, volvamos a la idea para verla en todos sus aspectos hasta que llegue a sernos personal, profundizándola, hasta que la hagamos propia. Esta idea mueve nuestra voluntad, nuestra capacidad para el amor, el deseo y el afecto, se debe terminar con un propósito de vida de acuerdo a las ideas en las que hemos profundizado en compañía de Dios.
    Contemplación del Evangelio
    Consiste en leer un pasaje del Evangelio, contemplarlo, saborearlo y compararlo con nuestra vida, tratando de ver qué es lo que debo cambiar para vivir de acuerdo a los criterios de Cristo. Al leer el Evangelio nos vamos a familiarizar con los gestos y las palabras de Cristo, y a comprender su sentido. Poco a poco iremos cambiando nuestra mentalidad y nuestra conducta de acuerdo a los criterios del Evangelio. Comparamos nuestro actuar en la vida con la vida de Jesús en el Evangelio. Se trata de mirar a Jesús más que mirar el pasaje del Evangelio, escuchar su Palabra.
    Al orar de esta forma, hemos pasado de la reflexión que se detiene a mirar en cada punto a un mirar simplemente a Cristo y para ponerlo en práctica conviene seguir los siguientes pasos:
    a) Ponernos en presencia de Dios y ofrecerle nuestra oración. Leer lentamente la escena del Evangelio para tener una visión rápida de conjunto, del lugar donde sucede. Después pedirle a Dios que adquiramos un conocimiento más hondo de Jesús para amarlo más y poderlo servir mejor.
    b) Volver sobre el pasaje evangélico para ver a los personajes que hablan y actúan en el pasaje, fijarnos en cada uno en particular viendo primero su exterior para luego contemplar sus sentimientos más íntimos, sean buenos o malos, considerando también las acciones, penetrando en los motivos de tales acciones y los sentimientos que los han inspirado, recordando que la oración nos debe llevar a la conversión de corazón, sacando de ello algún fruto personal. Escuchando las palabras y penetrando en su sentido, debemos poner atención a cada una de ellas, ya que algunas palabras las podemos escuchar dirigidas a nosotros personalmente.
    c) Como tercer punto terminar charlando con Jesús o con su Madre la Santísima Virgen María acerca de lo que hemos descubierto, sacando un fruto personal.
    Oración sobre la vida cotidiana
    Los acontecimientos de la vida son un camino natural para entrar en contacto con Dios, es necesario buscar la presencia de Dios en nuestra vida y descubrir qué es lo que Dios quiere de nosotros, ya que Él está en nuestras vidas, para ello debemos estar atentos, nos invita siempre a colaborar con Él y de esta "mirada" sobre mi vida nacerá el asombro, el agradecimiento, la admiración, el dolor, el pesar. Así nuestra vida entera será una oración.
    Oración de contemplación
    Este es el punto donde culminan todos las formas de orar de las que hemos hablado con anterioridad. Es el momento en que se interrumpe la lectura, o se deja la reflexión sobre un acontecimiento, una idea o un pasaje del Evangelio. Se da cuando ya no hay deseos de seguir lo demás: se ha encontrado al Señor con toda sencillez, después de recorrer un camino. Hemos experimentado interiormente que Dios nos ama a nosotros y a los demás. Es guardar silencio en presencia de Dios con un sentimiento de admiración, de confusión, de gratitud, cuando nos sentimos invadidos por la grandeza de Dios y su amor hacia nosotros y nos ofrecemos a Él. Es mirar a Jesús detenidamente, es escuchar su Palabra, es amarlo silenciosamente, puede durar un minuto o una hora, no importa el tiempo que dure ni el momento que escojamos para hacerla.
    Para tener una oración contemplativa, debemos:
    a) Recoger el corazón Y olvidarnos de todo lo demás, encontrándonos con Él tal y como somos, sin ocultarle nada.
    b) Mirar a Dios para conocerle: no se puede amar lo que no se conoce. Al mirarlo debemos tratar de conocerlo en su interior, sus pensamientos y deseos.
    c) Dejar que Él te mire: su mirada nos iluminará y empezaremos a ver las cosas como Él las ve.
    d) Escucharle con espíritu de obediencia, de acogida, de adhesión a lo que Él quiere de nosotros. Escuchar atentamente lo que Dios nos inspira y llevarlo a nuestra vida, guardando silencio exterior e interior.
    En la oración contemplativa no debe haber discursos, sólo pequeñas expresiones de amor. Hablar a Jesús con lo que nos diga el corazón.
    La oración contemplativa es la expresión sencilla del misterio de la oración. Es una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su misterio.
    Recordad lo que, de Jesús, nos narran los Evangelios. A veces, pasaba la noche entera ocupado en coloquio íntimo con su Padre. ¡Cómo enamoró a los primeros discípulos la figura de Cristo orante!
    San Lucas, con una pincelada, retrata la manera de obrar de los primeros fieles: animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración.
    El temple del buen cristiano se adquiere, con la gracia, en la forja de la oración. Y este alimento de la plegaria, por ser vida, no se desarrolla en un cauce único. El corazón se desahogará habitualmente con palabras, en esas oraciones vocales que nos ha enseñado el mismo Dios, Padre nuestro, o sus ángeles, Ave María. Otras veces utilizaremos oraciones acrisoladas por el tiempo, en las que se ha vertido la piedad de millones de hermanos en la fe: las de la liturgia —lex orandi—, las que han nacido de la pasión de un corazón enamorado, como tantas antífonas marianas: Sub tuum praesidium…, Memorare…, Salve Regina…
    En otras ocasiones nos bastarán dos o tres expresiones, lanzadas al Señor como saeta, iaculata: jaculatorias, que aprendemos en la lectura atenta de la historia de Cristo: Domine, si vis, potes me mundare, Señor, si quieres, puedes curarme; Domine, tu omnia nosti, tu scis quia amo te, Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo; Credo, Domine, sed adiuva incredulitatem meam, creo, Señor, pero ayuda mi incredulidad, fortalece mi fe; Domine, non sum dignus, ¡Señor, no soy digno!; Dominus meus et Deus meus, ¡Señor mío y Dios mío!… U otras frases, breves y afectuosas, que brotan del fervor íntimo del alma, y responden a una circunstancia concreta.
    Gracias a esos ratos de meditación, a las oraciones vocales, a las jaculatorias, sabremos convertir nuestra jornada, con naturalidad y sin espectáculo, en una alabanza continua a Dios. Nos mantendremos en su presencia, como los enamorados dirigen continuamente su pensamiento, a la persona que aman, y todas nuestras acciones —aun las más pequeñas— se llenarán de eficacia espiritual.
    Por eso, cuando un cristiano se mete por este camino del trato ininterrumpido con el Señor —y es un camino para todos, no una senda para privilegiados—, la vida interior crece, segura y firme; y se afianza en el hombre esa lucha, amable y exigente a la vez, por realizar hasta el fondo la voluntad de Dios.
    Orar en los acontecimientos de cada día y de cada instante es uno de los secretos del Reino revelados a los “pequeños”, a los servidores de Cristo, a los pobres de las bienaventuranzas. Es justo y bueno orar para que la venida del Reino de justicia y de paz influya en la marcha de la historia, pero también es importante impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas. Todas las formas de oración pueden ser la levadura con la que el Señor compara el Reino (cf. Lucas 13, 20-21).
    Las peticiones:La palabra petición significa pedir o solicitar, es por eso que las peticiones y las suplicas se parecen mucho, pues en ambas oraciones se esta pidiendo que Dios actué en favor de alguien o algo. La Biblia nos enseña que Dios contesta oraciones de acuerdo a nuestra fe (Marcos 11:24) y a su voluntad (1 Juan 5:14-15). Dios también busca que nuestras peticiones tengan un motivo noble y no tenga como raíz la vanidad. Dios no es una maquina de contestar peticiones, Dios contesta las peticiones de acuerdo a su voluntad. La oración rogativa: La diferencia entre la oración rogativa y una petición es que la persona que ruega viene a Dios en un estado de humillación y listo para rendir y dar cualquier cosa, no puede haber reservas al expresar lo que uno siente y al explicar lo que se esta pidiendo.
    Acción de gracias: Tiene como motivo la alabanza. Las oraciones de gratitud afirman nuestra fe porque usamos nuestras palabras para declarar la gloria de Dios y la grandeza de sus obras. Debemos dar gracias en todas circunstancias, tanto en momentos buenos como en los malos, también llena de gozo a la persona. Durante ellas encontramos que somos fortalecidos y librados de opresiones emocionales. La gratitud también conmueve el corazón de Dios.
    El Combate de la Oración
    La oración supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros mismos y contra las astucias del tentador. El combate de la oración es inseparable del “combate espiritual” necesario para actuar habitualmente según el espíritu de Cristo: Se ora como se vive porque se vive como se ora.
    • Dificultades principales que encontraremos en el ejercicio de la oración:
    — La distracción.
    — La sequedad.
    El remedio está en la fe, la conversión y la vigilancia del corazón.
    • Tentaciones frecuentes que amenazan la oración:
    — La falta de fe.
    — La acedía que es una forma de depresión o de pereza debida al relajamiento de la ascesis y que lleva al desaliento.
    —Debemos también hacer frente a concepciones erróneas, a diversas corrientes de mentalidad, a la experiencia de nuestros fracasos.
    A estas tentaciones que ponen en duda la utilidad o la posibilidad misma de la oración conviene responder con humildad, confianza y perseverancia.

     

     

    DICCIONARIO LITURGICO

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    0-Kerygma

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    2-Escuchamos a DIOS que nos habla

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    3-El encuentro personal

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    4-LA ORACIÓN

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    5-La Adoración Eucarística

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