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    2-Escuchamos a DIOS que nos habla

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    Tema: ¿Escuchamos a DIOS que nos habla?
    Son muchas las maneras en que Dios trata de dársenos a conocer y ponernos en comunión con Él. La naturaleza habla constantemente a nuestros sentidos. El corazón quedará impresionado por el amor y la gloria de Dios según es revelada por las obras de Sus manos. El oído atento puede escuchar y entender las comunicaciones de Dios a través de la naturaleza. Si solamente queremos escuchar, las obras que Dios creó nos enseñarán preciosas lecciones de obediencia y confianza. Cuando los hombres están orando el Padre celestial vigila tiernamente a todos. No hay lágrimas que se derramen que Él no note. No hay sonrisa que para Él pase inadvertida. Si creyéramos esto nuestras vidas no estarían llenas de desengaños como ahora; porque cada cosa, grande o pequeña, se dejaría en las manos de Dios, entonces nuestra alma gozaría de un reposo que muchos desconocen.
    Deja a tu imaginación que piense en la morada de los salvos; y recuerda que será más gloriosa que cuanto pueda figurarse la más brillante imaginación. En los variados dones de Dios en la naturaleza no vemos sino el más pálido reflejo de Su gloria. Está escrito: "Cosas que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.", es el creyente quién goza de la belleza de la tierra, porque reconoce la obra de las manos de su Padre y comprende Su amor en cada cosas nadie puede apreciar plenamente el significado de ellas si no se las mira como una expresión del amor de Dios al hombre.
    Dios nos habla mediante Sus obras providenciales y la influencia de Su Espíritu Santo en el corazón, Dios nos habla en Su Palabra. En ella se encuentra, en líneas más claras, la revelación de Su carácter, de Su trato con los hombres y de la gran obra de la redención. En ella, abierta ante nosotros, tenemos la historia de los patriarcas, profetas y otros hombres santos de la antigüedad. Ellos estaban sujetos a "sentimientos semejantes a los nuestros." Vemos cómo lucharon ante descorazonamientos como los nuestros, cómo cayeron bajo tentaciones como caemos nosotros y sin embargo cobraron nuevo valor y vencieron por la gracia de Dios; y recordándolos, nos animamos en la lucha por la justicia. Al leer el relato de los preciosos sucesos que se les permitió experimentar, la luz, el amor y la bendición de las cuales gozaron y la obra que hicieron por la gracia que se les dio, el espíritu que los inspiró enciende en nosotros un fuego de santo celo, un deseo de ser como ellos en carácter y de andar con Dios como ellos lo hicieron. La Biblia entera nos habla de Cristo. Desde el primer relato de la creación, en el cual dice: "Sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho," hasta la última promesa: "Mira que Yo vengo pronto," leemos acerca de Sus obras y escuchamos Su voz. Si deseas conocer al Salvador, estudia las Santas Escrituras. Llena tu corazón con las palabras de Dios. Son el agua viva que apaga tu sed. Son el pan vivo que descendió del cielo. Jesús declara: "Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis Su sangre, no tenéis vida en vosotros." Y al explicarse, dijo: "Las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida." Nuestros cuerpos viven de lo que comemos y bebemos y lo que sucede en la vida natural igualmente sucede en la espiritual, por lo tanto lo que meditamos es lo que da tono y vigor a nuestra naturaleza espiritual.
    La infinita misericordia y amor de Jesús, el sacrificio hecho por nosotros, requieren la más seria y solemne reflexión. Debemos meditar sobre el carácter de nuestro querido Redentor e intercesor. Debemos pensar en la misión de Aquél que vino a salvar a Su pueblo de sus pecados. Cuando contemplemos de este modo los temas celestiales, nuestra fe y amor serán más fuertes y nuestras oraciones más aceptables a Dios, porque se elevarán unidas de más fe y amor. Serán inteligentes y fervorosas. Habrá una confianza constante en Jesús y una experiencia viva y diaria en Su poder de salvar completamente a todos los que van a Dios por medio de Él.
    Mientras meditemos en la perfección del Salvador desearemos ser totalmente transformados y renovados a la imagen de Su pureza. Nuestra alma tendrá hambre y sed de llegar a ser como Aquél a quien adoramos. Cuanto más nuestros pensamientos sean de Cristo, más hablaremos de Él a otros y lo representaremos mejor ante el mundo. La Biblia no fue escrita para el hombre erudito solamente; al contrario, fue destinada a la gente común ya que las grandes verdades necesarias para la salvación están presentadas con mucha claridad. No hay ninguna cosa mejor para fortalecer la inteligencia que el estudio de las Santas Escrituras. No hay otro libro que sea tan potente para elevar los pensamientos, para dar vigor a las facultades. Si se estudiara la Palabra de Dios como se debe, los hombres tendrían una grandeza de espíritu, una nobleza de carácter y firmeza de propósito, pero se obtiene muy poco beneficio de una lectura precipitada de las Sagradas Escrituras. Uno puede leer toda la Biblia y quedarse sin ver su belleza o comprender su sentido profundo y oculto. Un pasaje estudiado hasta que su significado nos parezca claro y lo relacionemos con el plan de salvación resulta de mucho más valor que la lectura de muchos capítulos sin un propósito determinado y sin obtener una instrucción positiva. No podemos obtener sabiduría sin una atención verdadera y un estudio con oración. Algunas porciones de la Santa Escritura son en verdad demasiado claras para que se puedan entender mal; pero hay otras cuyo significado no es superficial, y no se entiende a primera vista. Debe haber un escudriñamiento cuidadoso y una reflexión acompañada de oración.
    Nunca se debe estudiar la Biblia sin oración, antes de abrir sus páginas debemos pedir la iluminación del Espíritu Santo, y ésta nos será dada. El Espíritu Santo exalta y glorifica al Salvador. Es Su misión la de presentar a Cristo, la pureza de Su justicia y la gran salvación que obtenemos de Él. Jesús dijo: El Espíritu "tomará de lo mío, y os lo hará saber." El Espíritu de verdad es el único maestro eficaz de la verdad divina. ¡Cuánto Dios nos ama siendo que dio a Su Hijo para que muriese por ella, y envía Su Espíritu para que sea continuamente el maestro y guía del hombre!

    DICCIONARIO LITURGICO

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    0-Kerygma

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    2-Escuchamos a DIOS que nos habla

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    3-El encuentro personal

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    4-LA ORACIÓN

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    5-La Adoración Eucarística

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